Accesibilidad sin estrategia. Por qué ocurre y cómo cambiarlo
- Autor
- Irene Ferrer
- Fecha de publicación
- 19 / 03 / 2026
Por qué la accesibilidad suele aparecer tan tarde en los proyectos.
Durante años se ha trabajado mucho desde el lado de la auditoría. En la mayoría de proyectos la accesibilidad aparecía al final del proceso, normalmente en empresas especialmente comprometidas o en organizaciones obligadas por la legislación. Era poco habitual encontrar perfiles de accesibilidad integrados dentro de los equipos de producto.
2025 marcó un punto de inflexión. La entrada en vigor del European Accessibility Act obligó a muchas empresas a reaccionar, pero no todas estaban preparadas para integrar la accesibilidad dentro de su proceso de diseño y desarrollo. Cuando eso ocurre, la accesibilidad entra tarde en el proyecto.
Al menos lo suficientemente tarde como para que muchas decisiones importantes ya estén tomadas: componentes, flujos o patrones de interacción.
En ese punto el trabajo deja de ser nativo y se vuelve reactivo, y cuando la accesibilidad funciona solo en modo corrección, los cambios suelen ser mucho más costosos y difíciles de integrar en el producto a todos los niveles.
Es, en definitiva, como intentar añadir los enchufes a una pared que acabas de pintar. Te das cuenta de que los necesitas cuando ya has colocado los muebles y elegido el color perfecto. En ese momento ya no estás diseñando una solución limpia. Estás picando el muro, levantando polvo y gastando el doble de tiempo y dinero para arreglar algo que debería haberse pensado desde el plano inicial.
El error de la accesibilidad sin estrategia
Para mí, estrategia significa pensar la accesibilidad como parte de un proceso completo, no como bloques separados, no es algo que se añade en una fase concreta, sino algo que atraviesa todo el producto de principio a fin.
En mi experiencia ha sido clave que el mensaje de accesibilidad fuera siempre top-down y que todas las áreas estuvieran implicadas. Producto, negocio, BI, diseño, desarrollo o QA. Si cada equipo trabaja la accesibilidad de forma aislada, lo que aparece es el efecto silo, cada uno hace su parte y la prioriza según sus necesidades, pero el resultado final no termina de encajar.
Es un poco como diseñar una casa por habitaciones independientes, cada habitación puede estar bien resuelta, pero cuando intentas conectarlas descubres que las puertas no coinciden o que los pasillos no llevan a ningún sitio.
Por eso la accesibilidad necesita un plan claro, hay que trazar un marco de trabajo, dar herramientas a los equipos, formar, acompañar y, poco a poco, elevar la accesibilidad a la cultura del producto, no es un cambio que ocurre de la noche a la mañana, pero la clave es la toma de consciencia. Y como no en ese proceso es importante que exista una figura que conecte todas esas piezas.
En mi caso ese rol es el de Accessibility Champion, como suelo decir ‘una especie de pegamento’ entre equipos que ayuda a que la accesibilidad no quede repartida en partes inconexas, sino integrada dentro de la estrategia del producto.
Dónde empieza la accesibilidad
La accesibilidad no empieza en una auditoría, empieza mucho antes, en el momento en que se define la propuesta de valor de un producto, cuando se fijan los objetivos, los KPIs, cuando se planifica el backlog del año, porque es ahí donde se están tomando decisiones que determinan quién podrá usar ese servicio y cómo lo hará.
A veces se habla de accesibilidad como si fuera un coste añadido, y es cierto que puede implicar más esfuerzo en algunas fases, pero también hay muchas razones de peso para integrarla desde el principio: mejora la calidad del producto, amplía el número de usuarios, refuerza la reputación de la marca y ayuda a construir servicios más robustos e interoperables.
No se trata de hacerle un favor a nadie, es una decisión que beneficia al producto y a la compañía, un win-win bastante evidente.
Es un poco como el embalaje de una caja de huevos, podrías pensar que es más barato no protegerlos, pero si quieres que lleguen intactos al destino tendrás que invertir en empaquetarlos bien desde el principio. Con los productos digitales ocurre algo parecido, si quieres que funcionen para todo el mundo tienes que pensarlo desde el inicio.
El verdadero cambio
Creo que el verdadero cambio ocurre cuando dejamos de entender la accesibilidad solo desde su definición más literal. Tradicionalmente se explica como la capacidad de que todas las personas puedan acceder a un servicio, independientemente de la diversidad de capacidades o de los sentidos disponibles.
Visto así, casi parece que estemos haciendo un favor a ciertos usuarios. Pero cuando le damos la vuelta a la pregunta la perspectiva cambia. ¿Cómo diseñar un producto que pueda utilizarse sin verlo, sin alcanzarlo físicamente o sin necesidad de hablar…?
En ese momento el producto empieza a transformarse, las decisiones de diseño se vuelven más sólidas, las interfaces más claras y los sistemas más robustos.
Por eso me gusta pensar que la accesibilidad también debería entenderse a nivel semántico, es una palabra pequeña para todo lo que realmente contiene. Cuando se integra bien, no solo aporta inclusión. Aporta valor a la propuesta de producto, mejora la interoperabilidad entre sistemas, impulsa la innovación, favorece un código más robusto y muchas veces termina generando mejores decisiones de diseño.
Es curioso que una palabra tan breve pueda concentrar tantas cosas. Inclusión, calidad, robustez, eficiencia, innovación. Bien enfocada, la accesibilidad deja de ser una obligación y empieza a verse como una de las palancas más potentes para construir mejores productos.
Por dónde deben empezar las empresas
Para mí todo empieza en algo muy sencillo y a la vez muy importante, que la accesibilidad tenga un lugar en la mesa donde se toman las decisiones. No como un tema técnico que aparece al final del proceso, sino como parte de la conversación estratégica sobre la propuesta de valor del producto.
Muchas organizaciones siguen abordándola desde el mínimo necesario, el mero cumplimiento. Cumplir con la normativa puede evitar sanciones, pero no garantiza una experiencia realmente buena para los usuarios.
Las empresas que han sabido ir más allá han entendido que la accesibilidad no es solo una obligación, es una forma de diseñar mejores productos. Significa pensar desde distintas perspectivas, escuchar más voces en la mesa y diseñar teniendo en cuenta algo tan básico como la biología humana y la diversidad de formas en las que las personas interactúan con la tecnología.
Ahora bien, las buenas intenciones por sí solas no transforman los productos. Lo que realmente marca la diferencia es convertir ese compromiso en objetivos claros, medibles y sostenidos en el tiempo.
A veces todo empieza con una pregunta sencilla en una reunión de producto: ¿en qué momento del proceso estamos teniendo en cuenta la accesibilidad? Si la respuesta no es desde el principio, probablemente ahí es donde toca empezar a actuar, abrir la conversación y convencer de la importancia que tiene para el producto.